El hombre hecho a piezas

“Hubo un tiempo, en que quise contar un cuento, de un hombre que conocí solo una vez, y desde entonces vivió para siempre conmigo”

Si bien al empezar era redondo, fue cambiando de forma según su entorno. Una pieza por cada recuerdo hermoso, por cada marca imborrable que dejase un eco.

De su madre se colocó la cabeza, una pieza angulosa, pero amarilla.

De su padre los brazos, rectangulares y robustos, hechos para construir las cosas del mundo.

Y así, redondo pero con brazos útiles y cabeza triangular, se lanzó a conocer la vida.

Pronto se enamoró de una muchacha de corazón libre y sonrisa inocente, amaba su forma de disimular cuando cometía cualquier error, siempre riendo de forma suave y bajito, restándole importancia y mostrando una expresión inocente que esperaba perdón. Así que de ella tomó la sonrisa, y la colocó en el centro de su pieza angulosa que tenía por cabeza, para mantener a la muchacha siempre viva en su reír.

No he contado que tenía un pie más grande que otro, porque uno tenía mas ansia de comerse el mundo y caminar más rápido, para encontrar las cosas más cerca. Lo había adoptado de su tío, todo un aventurero que no perdía el tiempo y no dudaba en dejar siempre la huella de sus pies en el fango profundo.

Así era él, un compendio de muchas cosas, como no podría ser de otra manera, pues ¿quién no querría ser la suma de todo lo que ama? Ser la escultura más hermosa, conformada por todas las ocasiones que algún día nos maravillaron. Al fin y al cabo, eso somos, un conjunto de cosas que nos sorprendieron y que grabamos a fuego en nuestra memoria.

Fuimos compañeros de piso durante un tiempo, tanto que olvidé que estaba formado a piezas y me parecía una única figura, siempre la misma. Quizá estaba yo demasiado ocupada con mis quehaceres, pero siempre encontraba en él a un amigo, un colega de risas y de buenos ratos. Sin embargo, la semana en la que le conocí de verdad, llevaba cuatro días sin salir de su cuarto, le pregunté más de una vez si todo estaba bien, pero siempre un grito me respondía que no había problema, que estaba estudiando, u otros días decía que estaba ensimismado con algún proyecto. No le di importancia, y continuaba mi vida como si nada hubiese cambiado, hasta que al cuarto día salió de su habitación y me agarró de la chaqueta justo antes de que cruzara la puerta, diciendo:

-Te reconoceré la verdad: cuando te vas, soy un muñeco fragmentado. Como un soldadito desmembrado, cuyas extremidades han tomado diferentes caminos. Soy múltiples pedazos, como un puzle deshecho. Por eso no quiero verte, y deseo estar solo, pues en mi propia soledad puedo analizar cada fragmento y encajarlo donde creo que le corresponde. Y a la vez ay… no me dejes solo, pues son tantos que temo nunca volver a verte si me esperas finalizar.

Dejé las cosas en el suelo, mirándole fijamente y cerré la puerta detrás de mí. Comprendí que aquello que decía era importante para él, que le costaba, porque no me miraba a los ojos mientras hablaba y casi escupía las palabras como si le quemaran el corazón. Así que le presté atención y dejé que continuase.

-En mi silencio y soledad me siento seguro, puedo desarmarme, sentarme en el suelo y observar los pedazos. Me siento entonces aliviado, pues no tengo que mostrar una estructura compacta a la que no pertenezco, al fin y al cabo soy esto: escombros sueltos y rotos. Por eso siempre te pido que llames antes de entrar a mi habitación, no quiero apenarte, y no dejaré que veas mis piezas. Esas piezas diferentes que no logro encajar… Porque si entras repentinamente todas cobran conciencia y se arman en mí dando lugar a una estructura aleatoria que no soy, y que debo sostener. ¡No tienes ni idea del esfuerzo que debo hacer para mantener tal edificación! pues varias piezas contrarias intentan fusionarse en mi puzle, colisionando sin éxito.

Sus dientes rechinaron. Entonces levantó la mirada del suelo.

-El resultado no es otro que un intenso dolor en el alma, y un suspiro quedo cuando todo se vuelve oscuro. Y ahí es donde estoy más cómodo: en la oscuridad, pues nadie me ve, ni siquiera yo mismo. Si te vas puedo quebrarme, de nuevo, a solas en mi propia habitación. Sentiré un gran alivio cuando mi sonrisa se torne seria, cuando mis ojos muestren de nuevo un hilo de oscuridad distante, y mis piezas se esparzan por el suelo. Pues así muestro mi verdadera forma: una figura enorme de cristal hecha añicos. Así que… vete, no me veas. No querrás ver cómo me derrumbo, como rebusco entre mis restos, ávido, intentando encajar dos piezas iguales, o incompatibles, armando un muñeco intentando unir un brazo y una pierna, colisionándolos una y otra vez, y preguntándome enfadado por qué no resulta. Y al mismo tiempo… no te vayas. Pues mientras estés aquí no tendré que lidiar con ello, solo tendré que fingir ser una estructura sólida como hasta ahora he hecho, un rompecabezas completo, un muñeco entero, hasta que un día de tanto fingir me lo crea yo mismo, y piense que este puzle sin terminar fue así desde un principio, que la edificación a medias es producto del arte moderno, y el muñeco desmembrado una conmemoración a los caídos en la guerra.

Me quedé asombrada sin saber qué decir. Siempre me había parecido que era tan sólido y completo que jamás llegué a pensar que una escultura tan dispar formada de piezas tan diferentes habría de gastar mucho tiempo y dinero en pegamento para unirlas. Y comprendí que eso le atormentaba, y que debía tener miedo de reconocerlo, de tener que armarse una y otra vez en las mañanas, construyendo una misma figura que al final, debía ser siempre igual pero que nunca era la misma, pues las piezas variaban día a día, quizá añadiendo alguna nueva, quizá quitando otra (aunque esto último era mucho más raro de ver), o cambiándolas de tamaño según su relevancia. Y aún así, debía de nuevo parecer la misma estructura, para que los demás conocidos siguieran tomándole por él mismo y no por algún otro ser extraño.

Él cayó al suelo, y algunas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos soñadores, piezas tomadas de mujeres hermosas a las que había admirado.

-¿Puede alguien amar alguna vez a un hombre hecho a piezas? .-me preguntó llorando.

Y me quedé mirándole con toda la pena del mundo, doliéndome su dolor, llorando con él. Y me quité yo también mis piezas para sentarme en el suelo a su lado, mi cabeza cuadrada de mi padre y sus libros, mis manos de mi abuelo hacendoso y sabio… Una a una las fui quitando de mi estructura, realizando el striptease más serio y comprometido que he hecho nunca.

-Desarmemos nuestros cuerpos .-le dije muy seria mientras le mirada desnuda y sin cabeza .- y volvamos a unir sus pedazos con la ayuda del otro. Esta vez será la escultura definitiva, o al menos la que nos dé mayor espacio para crecer.

Parecía asombrado de que yo también estuviese conformada a piezas, y se alegró tanto poniendo una sonrisa tan maravillosa, que quise robársela y colocarla como una de de mis nuevas piezas, que ahora estaban por el suelo sin orden, ni tamaño, ni lugar. Jugamos aquella noche a armarnos juntos, a reírnos de las múltiples figuras resultantes, e intercambiamos algunas piezas que se ven poco, para ser siempre parte del otro, armando nuestro amor también a piezas.

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Foto de Thiago Matos en Pexels

Publicado por loquecallanlasplantas

Leo mucho y escribo a veces demasiado, porque sino fuese por la escritura, nada tendría sentido... Escribo para reflexionar y que nos conozcamos más, tú en tu propio viaje interior y yo en el mío, pero unidos por un hermoso lazo en forma de texto.

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